Un viaje memorable

Antier tuve uno de los viajes más memorables que podré tener. Con luz, sin ella, con agua, mucha agua, viendo y sin ver, con muchas nubes, y ninguna en el cielo. Muchos guías alumbrando mi camino. Fue un viaje en el que pensé en la muerte y en paralelo pensé en lo hermosísima que es la vida. Me vi varias veces en el piso, varias veces debajo de el.

Tremendo, todo lo sentido, se sentía cómo un sueño muy real, de esos que deseas vivir y cuándo lo vives quieres salir.

A Dios gracias por todo, desde la neblina hasta la bebida que me dio tiempo de pensar, pasando por la necesidad de energía a no tener como comprarla, gracias por la oportunidad de viajar y tener tantas experiencias y nuevas formas de ver la vida.

A Dios la gloria y la honra, el poder y la sabiduría, no puedo estar en mejores manos.

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